sábado, 23 de septiembre de 2017

Golpes.

     A veces, cuando uno se lleva un golpe muy fuerte queda en estado de shock durante un tiempo, como catatónico, sin importarle nada demasiado. No apetece nada. Nada nos emociona, conmueve o ilusiona.
     Otras veces no hace falta que el golpe sea muy fuerte. Basta con que sean unos cuantos, seguidos, algo más contundentes que leves pero no tanto como para hundirte uno solo. Ni dos.
     Pero cuando son varios, con cierta cadencia, con ritmo, sin a penas pausa... Hay un momento en el que el cuerpo, el alma o ambas cosas se vencen. Sueles disimular ante conocidos y mucho más ante extraños. Pero a solas, a resguardo de otros, tus ojos están vacíos, tus hombros derrotados y arrastras los pies como si todo tú pesaras quinientas veces más.
    De vez en cuando te esfuerzas por levantar la cabeza, te obligas a hacer lo que hay que hacer y, después, vuelves a desfallecer. Y entonces piensas: “No, por favor. Más golpes no. Ni uno más. Ya no. Por ahora no. Por favor.”

martes, 12 de septiembre de 2017

Quimeras.

     Me gusta verte contemplándome desde tu rincón. Tus ojos me desnudan tan lentamente que la ropa, al resbalarse por mi piel, me produce un cosquilleo que me estremece. Tus manos, quietas como las tienes, las siento acariciar mi cuello hasta trepar por mi cabello enredándose en caricias. Tus labios, jugosos y reconcentrados, no dejo de notarlos recorriendo la escotadura que produce mi vestido sobre mis senos.
      Entonces mis piernas se dirigen sin necesidad de orden previa hacia ti. A pesar de que la distancia no es mucha, me parece eterna. A cada paso que doy puedo percibir mejor tu perfume a sándalo, a nuez moscada, a cedro, a limón y menta. Mi mano ya se adelanta para posarse en tu hombro mientras con la mirada encendida calculo lo que tardaré en desabrochar la camisa que te cubre.
     Ya estoy casi y me parece que mi rodilla derecha roza levemente la tuya pero, en ese instante, empiezas a desvanecerte entre la niebla. Mis dedos traspasan la bruma buscándote mientras el mar se precipita por mis ojos. Hoy también ha sido una quimera.

sábado, 26 de agosto de 2017

Definiciones.

      Según la RAE...

      Segura: Firme, que no falla o que ofrece confianza.
      Sincera: Que habla o actúa con sinceridad.
    Transparente: Claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad.
    Sola: Sin compañía. Que no tiene quien le ampare, socorra o consuele en sus necesidades o aflicciones.
     Exceso: Que sale de los límites de lo ordinario.
     De: Para señalar algo.
     Corazón: Sentimientos.
     Autorretrato: retrato de una persona hecho por ella misma.


    Él: Pronombre personal en 3ª persona del singular. Forma que designa a la persona, animal o cosa del que se habla, por oposición a quien enuncia el mensaje y a su destinatario.
    Gilipollas: Necio o estúpido.
    Sin: Preposición. Denota carencia o falta de algo.
    Sentimiento: Estado afectivo del ánimo.
   Conclusión: Idea a la que se llega después de considerar una serie de datos o circunstancias.
    Fin: Término. Límite.

domingo, 13 de agosto de 2017

Un mal día.

      Hace un calor sofocante, pero eres masoca y te metes en el horno con ruedas que pretendes que te lleve al centro. El aire acondicionado a tope no consigue más que una leve brisa que permite que no mueras de asfixia.
     Metes primera, segunda, tercera, aceleras y te topas con un pelotón de ciclistas que van de jarana y se dedican a tocar las narices a los conductores, sabedores estos últimos del peligro que entrañan las dos ruedas.
    Consigues sobrepasarlos con éxito y avanzas algo más. De pronto, semáforos. El primero, rojo. El segundo, rojo. El tercero, rojo. El cuarto, ¡vete a tomar por culo! Cuando por fin está verde para ti, ya no lo está para los coches que te vienen de la derecha, pero claro, como siempre tiene que haber desgraciados, uno que ha pasado a pesar de los pesares, se queda atravesado entre tú y el resto del atasco que mientras espera que el quinto semáforo se ponga en verde, están acordándose de todos los parientes del que tienen más cerca.
     Le miras. Te mira. Suena en tu cabeza música de “este pueblo es demasiado pequeño para los dos, forastero” y percibes un claro movimiento de sus labios a través del cristal. Como llevas años conduciendo, has aprendido a leer estos mensajes y claramente entiendes un “jódete” que te llega al alma. Pero tú, sin perder la compostura, le sonríes y le musitas lentamente para que te entienda: “y tú también, gilipollas”.
     Sigues con tu Odisea particular y cuando llegas a una intersección donde tienes preferencia y el de la izquierda tiene un stop como la copa de un pino, resulta que se lo salta a la torera y te hace pegar un frenado con el que te has dejado la mitad de las cubiertas de tus ruedas en el asfalto. Le imprecas a través del cristal haciéndole ver la señal enorme que tenía que haber respetado y él, que sigue en sus trece, baja el cristal de la ventanilla y te dice que mujer tenías que ser. Ante tamaña sandez no queda más remedio que decirle que su coeficiente intelectual es inversamente proporcional al estatus que le confiere su coche, un enorme BMW negro reluciente.
     Finalmente, llegas a tu destino y te planteas si no te saldría más rentable dedicarte en cuerpo y alma a inventar un transportador molecular que te lleve a dónde quieres sin interferencias de cabrones varios con o sin carnet.

domingo, 6 de agosto de 2017

Pesadillas.

     Tengo un agujero tan grande en el pecho que se me ha caído el corazón. En la mano lo tengo, vacío, mustio y medio reseco.
      La sal de las lágrimas que derramé se convirtió en cristales que laceran de forma cruel mis ojos, que ahora vierten la sangre que ya no brota del corazón.
     Mi boca esconde en ella toda la arena de todos los desiertos posibles. Entre mis dientes se escurren los escorpiones y las serpientes.
     Mi lengua hinchada y cuarteada es nido de hormigas y avispas que luchan incansables por un pedacito de vida.
     Mi garganta es un pozo negro infinito por el que trepan y tejen las arañas de todas clases esperando su hora.
     Mi otra mano, la que no sujeta el corazón, es el fin de un tronco atormentado, es un manojo de raíces retorcidas que acaban en cinco garras de filo imposible.
     Esa mano, que en otro tiempo fue suave como una flor, es la que penetró en el pecho, arrancó el corazón y se lo pasó a la otra mano.
    Esos ojos, antes vivaces y limpios, risueños, vieron el dolor y la muerte tan de cerca que no pudieron soportarlos.
     Esa boca y esa lengua que fueron jugosas, juguetonas y frescas enmudecieron porque ya no había palabras que consolaran a nada ni a nadie.
     Esa garganta que había sido una fuente clara, un trino de ruiseñor, tintineo de finos cristales, abrió una fosa tan grande que se tragó a sí misma para no aullar.
     Pero en cuanto me miras tan sólo un instante con tu mirada pura, despierto de miles de pesadillas y vuelvo a la vida.

lunes, 31 de julio de 2017

Idos todos a la mierda.

      - ¿Sabes? Estoy harta de tanto gilipollas que anda suelto.
      - ¿Por qué dices eso?
      - Porque ayer un tipo al que conozco desde hace unos años me dijo que me valora mucho, que no soy de esas bobas con las que se juega un rato. Pero luego, a los cinco minutos, me suelta que si alguna vez queda conmigo que tenga en cuenta que será para jugar un rato.
      - ¡Vaya tipo!
      - Si sólo fuera uno... Estoy harta de repetir que no quiero sexo huero, que lo que me interesa es el cariño de verdad, la amistad.
      - Es que el cariño es muy raro y está muy caro. Además, tal vez no sepan ni lo que es el cariño. A mí hoy me han dicho que soy poco cariñoso. Me quieren reeducar.
      - Yo ya aprendí que si quieres cambiar a alguien es porque no te gusta cómo es, y quieres hacerlo con molde, a tu medida.
      - A veces tienes algún que otro puntazo de sabiduría, ¿sabes?
      - Y a pesar de todo, sola.
     - Precisamente por eso, sola. Eres inteligente y eso a los hombres no nos va. Bueno, nos va para un ratito y poco más. Luego nos cansa. Sobre todo si no podemos ser más inteligentes que tú. Y, sin embargo, yo no soporto a una lela.
     - Ni yo a un lelo. Últimamente ya no soporto según qué cosas. Y así me va.
     - ¡No seas negativa! Siempre te digo que son ciclos.
    - ¡Pues joder con mi ciclo! Si yo soy del todo normal, ¿por qué no puedo conocer a tipos normales?
     - Ahí te equivocas. Tú no eres normal. Esos mequetrefes lo que buscan son chicas normales. Y tú te sales de la normalidad.
     - Pues no sé si preferiría ser normal.
     - No durarías ni dos minutos siéndolo.
     - Tal vez no. Es más que probable que no.
     - Oye, ¿y no te sirve el cariño esporádico?
    - El cariño no puede ser esporádico. Eso es raro de cojones. No siempre estoy contigo y sin embargo, siempre te tengo cariño, no sólo a ratitos.
     - ¡Touché! Y aún así, no te veo de pareja de nadie. Eres demasiado libre. Ahora bien, esa libertad tiene un precio.
     - ¡Y bien que lo estoy pagando!
     - ¿Y qué vas a hacer?
     - Mandarlos a todos a la mierda.

lunes, 24 de julio de 2017

Modo ostra.

      Cuando te han utilizado ya todos los que podían hacerlo hasta la saciedad, cuando miras tu agenda y está más vacía que un colegio en agosto, cuando por tu cumpleaños sólo recibes mensajes en las redes sociales, cuando nadie tiene tiempo para sentarse frente a ti, mirarte a los ojos y tomarse un café o una caña contigo, cuando todo el mundo te manda whatsapps con frases supuestamente ingeniosas pero nunca llegan a poner fecha para veros las caras, en ese momento en que el suelo empieza a temblar bajo tus pies, suena en la radio una canción: “Quiéreteme...” y en youtube miras absorta el corto de una cerveza que mediterráneamente te pregunta qué hay que hacer cuando un ancla se enroca.
         Es tan simple la respuesta que te darías de tortas por no haberla visto antes, ahí, justo delante de tus narices, donde estuvo siempre. Entonces entras en modo ostra. Cortas cabos que te amarran a lastres inútiles, hablas claro como no lo habías hecho antes (por tanto, cierta gente te toma por una borde), separas la paja del grano y te sientes a gusto contigo misma.
      Estás ahí, bien amarradita, filtrando todo aquello que te llega, desechando la porquería improductiva. En tu corazón de tres cámaras sólo hay sitio para ti y los tuyos. Los tuyos de verdad, los que están ahí a la una de la madrugada para reír o llorar, para tomarte la mano y decirte que te quieren.
        Con el tiempo, con todas esas partículas de experiencia que sedimentan en alguna parte de ti formarás una perla tan bella que parecerá imposible que haya salido de la inmundicia en la que te has movido durante tanto tiempo. Pero así son las ostras. Convierten lo inservible en algo hermoso, único y valioso.