martes, 17 de abril de 2018

¡Para mear y no echar gota!

      Creo que soy un alien. O, como poco, antisocial. Tengo un amigo que no hacía más que recomendarme que me apuntara a una de esas páginas de contactos que proliferan por la red. Un poco para no oírle más y otro poco para demostrarle que yo tenía mis razones al no apuntarme antes, al final hoy he dado mi brazo a torcer y me he inscrito.
        El primer escollo, el nick. No quería usar un nick tipo “Gatita” o “Rosa fresca”, así que he tirado de clásicos y he empezado a buscar. Valkiria: ocupado. Selene: ocupado. Nikita: ocupado. Veteatomarporculo: no se acepta. ¡Pero si incluso está ocupado el de Sugar Kane! ¡Y quién coño, aparte de mí, sabe quién fue Sugar Kane! Pues alguien lo sabe porque me ha fastidiado y lo ha pillado antes que yo. ¡Hay que joderse!
       Una vez superado el nick, toca enfrentarse al cuestionario para que te encuentren a alguien con los intereses más afines posibles a los tuyos. Y resulta que no se trata de contestar “sí” o “no”, sino “de acuerdo”, “un poco de acuerdo”, “muy en desacuerdo” y “en desacuerdo”. ¡¿Qué coño significa estar “muy en desacuerdo” cuando te hacen preguntas como: “te consideras una persona muy confiable”?!
       Y ya el remate viene cuando, por fin te creas el maldito perfil y empiezas a ver fotos en las que tienes que poner si los quieres conocer, si quizás, si sí o si súper sí. Por favor... ¿Súper sí? ¿En serio?
Pues súper no. Llevo dos horas viendo fotos pasar y no he dado un sí ni por casualidad. ¿Pero en qué piensa la gente cuándo se hace una foto para un perfil de una página de contactos? He visto fotos en baños (por favor, las tazas de WC son antiestéticas aquí y en Pekín. Además, ya sabemos que tienes WC), fotos sentados a una mesa con las manos entrelazadas (¿esperan una entrevista de trabajo?), otras con bebidas alcohólicas (ojo, su perfil decía que no bebía), otras de espaldas (tal vez las más artísticas), fotos con gafas de sol tamaño sombrilla de bar (para eso, no pongas foto, melón), fotos con hijos (¿de verdad no tienes otras fotos?), fotos con camisa desabrochada hasta el tercer botón (no me gustan los tipos que llevan más escote que yo), fotos en el gimnasio (sí, ya veo que para ti el cuerpo es importante... ), y así podríamos seguir hasta la eternidad.
        En cuanto a aficiones... Tampoco va a haber suerte. Las mías: lectura, cine, cultura y arte. Las de ellos: deporte (¡todos son deportistas, oye!), excursiones (¡qué ganas de patear el campo!), playa (y en invierno, ¿qué?) y cine (las de acción y para de contar). ¡Y de ahí no los sacas!
        Y ya cuando entras más en profundidad en su perfil te sueltan perlas como que quieren encontrar a una mujer para consentirla, para hacerla muy feliz, para disfrutar... ¡¿Pero qué buscan, a una pareja, a una niña a la que cuidar o el estereotipo de mujer a la que le gusta que la inviten a cenar, le abran la puerta, le aparten la silla, le suelten gracietas y le elijan el menú?!
       En fin, que yo con esto no puedo. Voy a ver dónde se desapunta uno porque me está entrando una acidez que ni con la caja de antiácido se me va a pasar.

viernes, 6 de abril de 2018

Cuestión de gónadas

       ¡Hasta los cojones, hasta los ovarios o hasta las mismísimas gónadas! Me da igual cómo sea políticamente correcto decirlo, estoy hasta ahí mismo de artículos que te explican cómo debes ser para encontrar pareja. Que si inteligente, que si agradable, que si simpática, que si optimista, que si un gran sentido del humor... ¿¡Pero qué mierda es esta!? ¿Se supone que soy una mujer o un monito de feria?
        Antes, hace años, para conquistar a un hombre debías ser bonita, callada, mansa... en fin, lo que se vino conociendo años más tarde como “mujer florero”. Poco hemos avanzado si ahora se nos pide que seamos todo lo descrito anteriormente (inteligente, risueña, etc). El caso es pedir. ¡Venga requisitos para las mujeres!
        No he visto ni un sólo artículo de ese mismo tema dirigido a los hombres. No, porque a ellos no se les pide que NO sean unos capullos, ni unos inmaduros, ni unos cabrones, ni unos irresponsables... No. A ellos hay que aceptarlos tal y como son. Porque el problema no son ellos, claro. El problema somos siempre las mujeres, que no sabemos lo que queremos, que siempre cambiamos de opinión, que somos muy exigentes, que es que somos unas histéricas...
       Es increíble cómo se las ingenia la sociedad (que, ojo, somos todos) para culpabilizar siempre a las mujeres sean como sean. Si eres gorda, es que no puedes gustar a nadie sin perder unos kilos; si eres vieja (llamémoslas maduras, no se vaya a ofender nadie) es culpa tuya que tu maromo se vaya con otra más joven; si tienes las hormonas revolucionadas o estás saturada de trabajo y eso te crea mal humor más veces de las que tú quisieras, eres la culpable de que tu pareja busque fuera de casa el cariño que no encuentra en ella.
        Pero, ¡cuidado! ¡Ni se nos ocurra cargarle el mochuelo a los hombres! Porque si se te pasa por la cabeza decir que los hombres deberían ser más considerados con nosotras, más respetuosos, deberían tratarnos como esperan que nosotras les tratemos a ellos, si tan siquiera piensas que los hombres deberían dejar de ser unos picaflores, unos niñatos encerrados en cuerpos de tíos de treinta para arriba, unos déspotas con la inteligencia femenina, si por algún motivo se te ocurre decir eso en voz alta y delante de alguien más que no sea tu imagen en un espejo, atente a las consecuencias. Vas a ser una amargada, una mal follada, una hija de puta.
       Así que aquí, una amargada, mal follada y una hija de puta se pasa ese tipo de artículos por el forro de las gónadas.

martes, 3 de abril de 2018

Que paren el mundo

      No estoy preparada para este mundo de mierda en el que me ha tocado vivir, lleno de intereses creados, de hipocresía, de falsedad, de relaciones rápidas, de rapiñar sólo lo bueno y descartar con desprecio lo que no sirve para cumplir las propias expectativas y saciarse a uno mismo.
     No estoy preparada para esos amigos que sólo se acuerdan de ti cuando no hay nadie más, cuando su agenda está vacía, cuando no hay alternativa mejor, cuando de repente se dan cuenta de que hace tiempo que no saben nada de ti, cuando, por h o por b, se sienten solos, cuando tienen problemas y necesitan que alguien les escuche o cuando simplemente creen que ya toca enviarte un whatsapp para que no se pierda algo que ya se perdió hace tiempo.
     No lo estoy tampoco para esas relaciones de conveniencia en las que sólo suena el móvil cuando las hormonas están revolucionadas, cuando se trata de compartir sólo y exclusivamente fluidos y gemidos, cuando se necesita un desahogo físico y, por supuesto, no hay nadie mejor en el horizonte.
     No estoy preparada para esto y no quiero estarlo. Aunque sea sólo en mi imaginación quiero vivir en un mundo donde las personas se llaman para verse u oírse de vez en cuando, un mundo en el que mirarse a los ojos es importante, tanto como compartir un paseo, una hora de tu tiempo, un sentimiento, un problema, una alegría, un abrazo, una caricia.
    Quiero vivir en un mundo en el que no me busquen por el interés, por lo que yo les puedo aportar cuando ellos van a intentar por todos los medios darse lo menos posible, no vaya a ser que se vacíen.
Pero ese mundo no es este, no es real, no está aquí. Por lo tanto, que alguien pare el mundo y que lo pare ya porque, si no se para, me bajo en marcha.

domingo, 4 de marzo de 2018

Hartos

      - Estoy harto de mujeres que buscan un marido.
      - ¿A qué te refieres?
      - A mujeres que te piden que les arregles cosas y, si lo haces, te permiten follarlas.
      - ¿Te piden que les arregles cosas?
      - Sí. Y las peores son las que no te lo piden:
             - Oye, ¿sabes que se me ha estropeado el grifo?
             - ¿Ah, sí? ¿Y qué?
             - No, nada. Que se me ha estropeado.
      - ¿Y ante eso nunca se te ha ocurrido darles el número de un fontanero?
      - Pues no. He preferido pasar.
      - Entiendo. Yo estoy harta de hombres que buscan sexo gratis.
      - ¿A qué te refieres?
      - A hombres que quieren follarte sin ofrecer nada a cambio.
      - ¿Quieres una transacción comercial?
     - No, pero tampoco que me usen. Igual que a ti te quieren usar de fontanero/marido a mí me quieren usar de puta gratis. Y los peores son los que te dicen que lo hacen porque son amigos tuyos. Será que tenemos un sentido distinto de la amistad.
      - Pero bueno, un abrazo siempre viene bien. Y unas caricias. Dormir abrazado a alguien...
      - No lo entiendes. La primera vez que llegué a su casa me dijo:
              - ¿Cuántas almohadas ves en la cama?
              - Una.
              - Eso significa que aquí nadie se queda a dormir.
      - Pues vaya.
      - Pues eso.
      - ¿Y tú qué quieres?
      - Que me quieran.
      - ¿Y tú?
      - También.

domingo, 4 de febrero de 2018

Tiempo

     ¿En qué momento el día ha pasado a tener menos horas? ¿Por qué antes me bastaba el fin de semana para hacer todo lo pendiente y descansar y ahora no me basta ni para ponerme al día? ¿Cuándo las horas dejaron de tener sesenta minutos para ser un suspiro?
     De lunes a viernes no doy a basto con el trabajo, la familia, los estudios y las obligaciones varias. Voy arrastrando tareas pendientes que se van acumulando para despejarlas el fin de semana. Cuando llego al viernes, medio desahuciada, sólo deseo que amanezca el sábado para despertarme un poco más tarde y ponerme a hacer lo que no me ha dado tiempo entre semana.
    Sin darme cuenta, me planto en el sábado noche. Ni he terminado la mitad de lo que había planeado, ni he quedado con nadie. Las diez y no va a haber fiebre de sábado noche (a no ser que coja la gripe) ni tonight va a ser tonight a no ser que el repartidor de pizza se equivoque, llame a mi casa y le entre un calentón monumental al verme en pijama de ositos.
    Otro sábado de mi vida desperdiciado entre papeles, fregonas, lavadoras y polvo (del que se acumula en los muebles, no del que te da gustito).
    Me acuesto con el único consuelo que me queda: dormir ocho horas seguidas. Y amanece el domingo. Un domingo esplendoroso, brillante, luminoso, ideal para aprovechar e ir de excursión. Y la puta voz de mi conciencia me martillea insistente para que termine lo que ayer no pude acabar. Así que, para no oírla más, allá que voy otra vez.
     De repente, miro el reloj. Las siete de la tarde. De un domingo esplendoroso que ha pasado a mejor vida mientras yo me enterraba entre obligaciones y deberes. Como consuelo me queda... No me queda un puto consuelo porque, una vez más, he aprovechado un fin de semana para trabajar. Un fin de semana que no da más de sí, como yo. Un fin de semana que antes era eterno y que ahora es efímero como mi sueño de caber en los vaqueros de hace diez años.
     Y mañana lunes. Y otra vez a echar los higadillos para llegar a todo y darme cuenta de que ya es viernes por la noche y sólo anhelo tirarme en plancha en la cama para dormir.
    Creo que alguien me está haciendo luz de gas y está adelantando todos los relojes de mi casa. O unos extraterrestres cabrones han cambiado algo en el universo y han acortado el día. Algo ha pasado, porque a mí ya no me da para lo que me daba antes. Y lo que es peor: ¡no hay forma de que acabe el condenado mes y me ingresen la nómina!
    ¡Puta vida!

domingo, 28 de enero de 2018

No soy yo

      Llegados a este punto tal vez convendría recordar ciertas premisas fundamentales. Tú no eres el/la protagonista de todas mis historias. Ni siquiera de algunas. Ni siquiera yo lo soy. Te pareces, me parezco, tenemos rasgos, indicios, pero no.
     Ni tan siquiera la Luna es la misma Luna que tú y yo vemos. La Luna de aquí no tiene ninguna huella humana, ninguna bandera. Si acaso, habita en ella algún gato de Cheshire cansado de vagar por la Tierra.
     Los desnudos no son los nuestros. Ni los deseos. Ni tu pelo ni mi pelo, ni tus labios ni los míos. Las vivencias no son las mías aunque a veces lo deseara. Tampoco las tuyas. Ni siquiera tú eres tú. Ese tú es ellos.
     No te sientas protagonista ni secundario. No me creas protagonista. La literatura es así, tiene parte de mentira y parte de verdad. Y la parte que es mentira no siempre lo es del todo. Ni la parte que es verdad es del todo cierta.
     Sólo disfrútala.

domingo, 21 de enero de 2018

Perspectivas

     Una foto cualquiera. El encuadre sólo coge la puerta de un coche abierta por la que asoman unas bonitas piernas de mujer acabadas en finos tacones. Enfrente de ella, un motero con la mano extendida. Bajo la foto, una frase: “ dame la mano, te mostraré la verdadera felicidad”.
     Por algún motivo la mayoría de gente interpreta que es el motero quien alarga la mano a la mujer para ofrecerle esa felicidad que sólo un hombre y una moto pueden proporcionar. Atención: ambos (hombre y moto) para regalarle esa felicidad deben colarse entre sus piernas.
     Por algún extraño motivo yo lo veo desde una perspectiva diferente. Es la mujer quien pronuncia esa frase y el hombre el que extiende su mano para dejar que le muestren esa felicidad que la fémina promete.
     ¿Por qué debe ser siempre el hombre el que rescate a la mujer? ¿Por qué seguimos propiciando los cuentos de príncipes y princesas? Sí, de acuerdo, aquí la felicidad se supone que la da la moto...
     ¡Y una mierda! Si fuera así, la motera sería la chica y el que sale del coche un chico. O incluso podrían ser dos mujeres o dos hombres. ¡Qué más da! No, aquí no hablamos de una moto ni de la felicidad que produce la libertad de la velocidad sobre dos ruedas. Aquí se va más allá de lo que se muestra en la superficie. Aquí se sigue hablando del caballero que rescata a su dama en su blanco corcel. Se reitera la idea de que el hombre es el que salva a la mujer (del dragón, del tedio, de lo que sea).
     Seamos princesas si queremos, pero abandonemos esa idea dañina de que es el hombre quien rescata, quien ayuda, el que da la felicidad, el que paga, …
      Seamos más que princesas, seamos mujeres con toda la magnitud que eso significa.